martes, 30 de abril de 2013

Experiencias en el colectivo I

Mis amigos temen viajar conmigo en los colectivos, ya que siempre me pasa algo, y viajan con el corazón en la boca cuando lo hacen.

Recuerdo hace dos años, cuando iba a "trabajar" en la casa de una tía mía (iba a ayudarla a embalar todas sus malditas pertenencias, hasta los más diminutos adornos, ya que se volvía a vivir a otro país, estaba bueno igual porque además de pagarme, me daba el desayuno, almuerzo y merienda Y QUE COSAS RICAAAAAAAS) y un día de esos, iba con el 109, hacía poco habían inaugurado el Metrobus. Y en medio de Av. Juan B. Justo había un hombre tirado (véase foto 01) en medio del carril. Y el colectivo en el que yo iba, pasó bien lento y el hombre estaba según lo que yo vi BIEN MUERTO. Ay! Fue todo un horror lo había visto, si el hombre llegó a estar muerto, aquel habrá sido el primer cadáver que vi en mi vida.

Las otras cosas más comunes es que los conductores de los vehículos en los que viajo se puteen con otros, se bajen, y lleguen al punto de cagarse a piñas, mientras que la gente que viaja le grita: "DALE MÁS!", "ES UN PELOTUDO, PEGALE!" o están aquellos que me cagan con ganas la diversión con la que veo aquellas escenas diciendo "SUBI, Y SEGUI", "NO LE DES BOLA", o que directamente se bajan.

Una vez recuerdo de dos personas, discutiendo sobre política, más que nada sobre el gobierno actual de mi país, uno estaba totalmente a favor, lo defendía a muerte, con el alma, sacado y el otro totalmente en contra más sacado todavía. El chofer tuvo que frenar y hacer bajar a uno, porque sino iba a correr sangre.

Una señora una vez, era la última de la pila y por ende fue a quien se le cerró la puerta y casi -según sus palabras- le agarra el brazo. Empezó a los gritos: "PERO NO VES QUE CASI ME AGARRÁS EL BRAZO" "PEDAZO DE ANIMAL", "PARA QUE CARAJO TENÉS EL ESPEJO PELOTUDO", "SON TODOS IGUALES, CON TAL DE GANARLE AL SEMÁFORO ARRANCAN IGUAL". El chofer le discutía, cuando le llegó el momento de apoyar su SUBE, esta no tenía crédito. Luego de acusar al chofer de que éste ya le había cobrado y que le hacía porner la tarjeta por haberle gritado lo que le dijo... el chofer no le dió ni cinco de pelota y la vieja se bajó.

En este momento no recuerdo alguna otra, cuando lo haga las subiré. Pero les juro que en el momento en que las recuerdo son todas graciosas. Porque todo me pasa a mi, llego a tarde por eso, llego temprano por eso...

                                                     Me imaginaba al viejo algo asi.

TENGO VEINTE

Ay por el amor de todos los santos... como empezaría a hablar mi querida madre biológica y la única que tengo hasta ahora -a no ser... que me aparezca una madre no reconocida y que termine siendo familia de Mike Tyson-. Lo que sea, el último viernes pise con todo la edad de los veinte, y digo con todo porque termine para el orto los diecinueve y empecé el nuevo número enferma como hacía mucho no lo estaba.

Abril es un mes que en mi vida fue sinónimo de fiesta y comidas por do quier. Bueno, este último año fue sinónimo de fiesta y comida ABUNDANTE por do quier. He comido como nunca, tanto fue así que la semana anterior a mi cumpleaños estuve con dolores en el estómago. Tan fuertes eran aquellos dolores que llegué a pensar que recurrir a una liposucción urgente, no solo de abdomen, piernas, grasita/grasa de la espalda, papada, lo fofo del brazo, y demases. Sino también de mi boca. ¿QUE ACASO NO PIENSO PARAR NUNCA EN COMER? (esa será otra publicación que algún día sobria de te de manzana la subiré).

Curiosamente además de mis dolores de panza, sumados a los de siempre (mi espalda, la cabeza del fémur y mis calambres) me apareció una calentura importante. Primero pensé: OK, habrá sido porque vi la imagen de algún chongo por Facebook, Twitter, TV... pero no. Segundo pensé: OK, tenés veinte y estás más cerca de la menopausia, pero para ello soy joven -nada de menop..no se que, eso es tema de mi madre- así que no. Tercero pense: en tocarme la frente. Y efectivamente tenía fiebre y con ella me resfrié.

La cuestión: era un día antes de mi cumpleaños, el día donde había invitado a mis amigos y la noche en la iba a salir a descorchar y estaba en cama, con 38° de fiebre, con mocos en todas mis carilinas y dentro de mi nariz, pulmones, tos, con mi cuerpo que se caía todo el tiempo teninendo una inmensa atracción hacia el suelo que al aire mismo.

Pero a pesar de todo, esa noche pasó como si nada. Además de ello, había un poquito de vientito entonces me alegró más. Vinieron mis amigos de la secundaria, aquellos pocos que quedaron y que a su vez veo cada tanto. Mis amigas que conocí cuando pasaba por mi etapa emo-stalker, en el foro de una banda, y que hoy somos normales, las de la infancia, y otras que conocí por cuestiones musicales: una banda como siempre. Fue lindo, porque esta vez todos nos unimos en conversaciones que tenían que ver. Temas facultativos, recuerdos de la secundaria, cosas que hacíamos, el tema de la inundaciónnnnn y con ello la política. Nunca pensé que iba a estar en mi cumpleaños de veinte hablando sobre la política del país y los problemas que se acercan.

Mi torta salió ES-PEC-TA-CU-LAR, todos la comimos y fue muy asddddddddddddddddddd.

Al día siguiente fui a la clase de Inglés con solo dos horas de dormida. Traté de hacer lo imposible para no dormirme, hasta recordé la película de Mr Bean, la escena en donde tiene que manejar toda la noche y se pone dos palitos entre los párpados para no dormirse y me reía sola. Y para mi mayor ventaja, además de viajar de ida parada y llegar justa con el horario, de vuelta tuve que esperar el colectivo más de veinte minutos. Subo y venía con todos los asientos ocupados sin gente parada, me fui a parar al último asiento de la fila solitaria, antes de los cinco de atrás porque: siempre se levanta alguien de esas cinco personas y casi nunca de los que están de a dos... ME CABE. Hasta que llegué a casa se pararon cuatro personas de los asientos en parejas, las dos pelotudas que estaban detrás de la puerta -yo estaba del otro lado- y ninguno más. La conchuda que estaba en el asiento en el cual me estaba agarrando, me amagó dos veces: una cuando se sacó sus auriculares, yo ya me estaba acomodando, pero sacó un libro de mierda. Y la otra cuando sacó las llaves, pero las sacó para ponerlas en el bolsillo de su campera.

En resumen, pasé un desventurado y genial cumpleaños de veinte. Y si, llegué a los veinte y estoy viva, lo seguiré estando igual si el barba lo permite. No fue gran cosa, solo que me hacía la idea que convivir con el cero al lado derecho del dos me iba a doler. Pero no veo nada diferente, asi que vamos bien. Sólo que como cualquiera, deseo ser adolescente y joven por siempre... pero de eso no se trata la vida, sino de crecer y experimentar; vivir y disfrutar; sufrir, caer y tener la posibilidad de levantarte de vuelta. Viviré una sola vez, no se si reencarnaré, pero se que en este cuerpo lo haré esta vez, solo viviré esta vida de mierda que considero ahora pero que en un par de años (si no saco malos calculos, con los cuales soy muy mala) todo se encaminará.
Mi torta. Foto by A.N.

Esto debí hacer en la clase de Inglés, like Bean.

lunes, 15 de abril de 2013

Consulta médica

Si hubo una frase que me caracterizaba hace un par de años atrás era la de "tengo que ir al médico". Y lo más curioso en el caso, es que era cierto.

Desde pequeña, más bien cuando rondaba los seis años de vida, descubrimos con mi familia que era alérgica. Alérgica al pasto, al tabaco, a los hongos de la humedad, al chocolate, a lo cítrico y a otras más cosas que en mi vida de niña había oído. Desde entonces he estado tomando, unas "vacunas orales" (no se si ese el nombre real) tres veces por semana, debajo de la lengua, cinco gotitas. A veces venían ricas, otras con sabor interesantes y otras eran totalmente apestosas. Me han tenido que hacer los test de alergia desde aquella edad, tres o cuatro veces al año en su comienzo (nunca entendí el porque) y luego bajamos a dos veces por año.

Llegando a la adolescencia, tuve que experimentar el paso por el maligno y horroroso "acné". Por lo que comencé a concurrir a la dermatóloga, quien junto a mi alergista se encargaban del cuidado de mi piel, llenandome de cremas por todas partes del cuerpo, con medicamentos... Entonces todos los meses los visitaba, además existían aquellos días que, por el estrés de los adolescentes (muchos dirán "¿que estrés?", bueno gente, todos sufrimos de estrés en diferentes niveles y edades), por los cambios climáticos, o alguna ropa nueva, mi piel se irritaba o sentía la necesidad de visitar a los especialistas, iba. Y de allí venían mis recurrentes "visitas al médico".

Al finalizar el último año de la secundaria comencé a notar dolores imposibles en mi espalda. Fue justo cuando nos cambiamos de obra social y (luego de hacer un quilombo para fotocopiar nuestras antiguas historias clínicas que el Sanatorio Güemes, más bien el departamento que operaba en el sanatorio, el de UTHGRA, se negaba a darnos) debía recomenzar todo. Mi nueva médica clínica me mandó a hacerme un nuevo chequeo general, y conjunto a ello unas radiografías. De aquel estudio pudieron ver que tengo una desviación en mi columna vertebral, reconocida como "escoliosis". Ya de chica siempre sentía, sospechaba que algo no andaba bien en mi espalda, siempre encorvada vivía y no me gustaba. Fui a que los electrodos relajaran la zona del dolor en kinesiología, lo hicieron por un tiempo y luego me mandaron a hacer RPG (Gimnasia Postural) a la cual todavía no he tenido el agrado de concurrir, ya que a estas alturas de mi vida, a punto de pisar los años veinte... estoy mucho más que cansada de los médicos.

Es el día de hoy que sigo con ellos, mi médica clínica: aquella señora que debe estar pisando los 65 años, pero que es un cago de risa, que le hincha sus ovarios los pacientes ancianos que le cuentan todos los detalles de su vida y que consumen gran parte de su día con sus anécdotas (la consulta comúnmente no lleva más de quince minutos, sin embargo cuando ellos entran al consultorio están alrededor de 30... o 49 minutos. Lo he contado yo misma por reloj). Mi dermatóloga: la hermosa colombiana o venezolana, o algo de por ahí, pero que es un amor de persona, que si bien ya he pasado aquella etapa del acné malevolo, sigo atentiendome para cuidar mi piel, no soy de usar cremas que se venden por catálogo, o en farmacias/perfumerías de venta libre, sino uso las que van con receta. Con mi alergísta: aquella mujer ruda, sincera y eficaz, que mantiene mi nivel de desesperación por tener todo el corticoide necesario dentro de cuerpo. Y etc., etc., etc., así y otros especialistas más.

Si bien me irrita, como a muchas otras personas, el hecho de tener que ir por una consulta médica, soy consciente de que la necesito y más sabiendo que he tenido problemas con mi cuerpo en un pasado y que ahora debo seguir manteniendo estable.