Un hombre, no machista, pero si “algo normal” no se pasaría horas frente a un espejo, fijándose que le queda bien o mal. Ellos, salen, ellos van, se mandan. En cambio muchas de nosotras necesitamos ese tiempo, esa necesidad de sentirnos cómodas con nosotras mismas, pensando mientras que apariencia podemos dar al entorno al que nos tenemos que enfrentar. Y allí viene la cuestión, “no tengo nada que ponerme”, tenemos un placard lleno de ropa, pero igual no tenemos con que salir.
El tema acá es el siguiente: veo una blusa, un vestido, o algo en un maniquí de una vidriera, me encanta, lo quiero, veo el precio-para quienes estamos ajustadas del dinero- y entro. De paso miro, y encuentro otras cosas que también me gustan, se acerca la vendedora que nos olía desde que veníamos por la esquina de la cuadra y te dice “¿te puedo ayudar en algo?”. Terminamos en el probador, con…en mi caso pude llevar hasta 4 prendas al probador, me hacían la vida imposible.
Pero bueno, terminamos en el probador, nos probamos, nos miramos, hacemos poses, a veces actuamos el momento para la cual vamos a usar esa ropa, en apenas un 1m x 1m. Y encima… NO TIENEN ASIENTO. Por lo tanto tenemos que hacer mil malabares para poder sacarnos en jean y probarnos otra cosa, sentir que la cortina del probador se mueve y que te ven todos en bolas y encima, además de pelear con el cierre de la prenda, con tu pelo suelto, transpirando mares, la vendedora te pregunta “¿y cómo fue eso?”.
Al final de cuenta esa remera que se veía hermosa en el maniquí, se veía horrible en tu cuerpo. Ese jean que tanto querías había talle más grandes o directamente no te entraba.
Pero como toda una luchadora, trataste de salir un poco adelante y te llevaste otra cosa, que no estaba en tu mente, pero que era acorde a tus curvas.
Nos hacemos la idea, casi obligada de que es hermosa la prenda que nos compramos, y a la hora de salir, una vez en casa nos probamos aquello que nos compramos ¿y? Nos damos cuenta que nos queda… mal.
En cambio, ellos, los hombres, ven una prenda, entran, se la prueban, ni siquiera necesitan probador, les gusta, la pagan y chau. Y si tienen que acompañar a sus mujeres a comprar algo, terminan con cara de culo la mayoría por todo el tiempo que, supuestamente, sus mujeres tardaron…
Cerrando un poco la idea, llevémonos toda la ropa que sea necesario al probador, estemos seguras de que vamos a llevar y cuando lo podremos usar. El gran mínimo detalle que veamos y que después decimos “no se va a notar” se puede convertir cuando estemos ya en casa en un “ni en pedo me pongo esto”, OJO, debemos ser cuidadosas, y no ir apuradas, por ende, si vamos con algún hombre lo mejor es ir a tomar algo primero, ver que el bar tenga televisión y esté puesta en un canal de deportes, y al terminar pedirle una cerveza u otra bebida que le gusta de un litro aproximadamente y decirle “voy a comprar, en un rato vuelvo” Y si dice que nos quiere acompañar le saltamos con la verdad “voy a comprar ropa, mejor quedate”.
Nellarau.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario