viernes, 10 de febrero de 2012

Compras I

Ellos se quejan, de que tardamos años, siglos en elegir la ropa, y ni hablar para algunas si nombro la palabra zapatos. Pero no es así, el hombre y la mujer a simple vista son distintos, humanos si, pero además de lo físico, tenemos ideas y necesidades absolutamente diferentes al sexo masculino. 

Un hombre, no machista, pero si “algo normal” no se pasaría horas frente a un espejo, fijándose que le queda bien o mal. Ellos, salen, ellos van, se mandan. En cambio muchas de nosotras necesitamos ese tiempo, esa necesidad de sentirnos cómodas con nosotras mismas, pensando mientras que apariencia podemos dar al entorno al que nos tenemos que enfrentar. Y allí viene la cuestión, “no tengo nada que ponerme”, tenemos un placard lleno de ropa, pero igual no tenemos con que salir.

El tema acá es el siguiente: veo una blusa, un vestido, o algo en un maniquí de una vidriera, me encanta, lo quiero, veo el precio-para quienes estamos ajustadas del dinero- y entro. De paso miro, y encuentro otras cosas que también me gustan, se acerca la vendedora que nos olía desde que veníamos por la esquina de la cuadra y te dice “¿te puedo ayudar en algo?”. Terminamos en el probador, con…en mi caso pude llevar hasta 4 prendas al probador, me hacían la vida imposible. 

Pero bueno, terminamos en el probador, nos probamos, nos miramos, hacemos poses, a veces actuamos el momento para la cual vamos a usar esa ropa, en apenas un 1m x 1m. Y encima… NO TIENEN ASIENTO. Por lo tanto tenemos que hacer mil malabares para poder sacarnos en jean y probarnos otra cosa, sentir que la cortina del probador se mueve y que te ven todos en bolas y encima, además de pelear con el cierre de la prenda, con tu pelo suelto, transpirando mares, la vendedora te pregunta “¿y cómo fue eso?”. 

Al final de cuenta esa remera que se veía hermosa en el maniquí, se veía horrible en tu cuerpo. Ese jean que tanto querías había talle más grandes o directamente no te entraba. 

Pero como toda una luchadora, trataste de salir un poco adelante y te llevaste otra cosa, que no estaba en tu mente, pero que era acorde a tus curvas. 

Nos hacemos la idea, casi obligada de que es hermosa la prenda que nos compramos, y a la hora de salir, una vez en casa nos probamos aquello que nos compramos ¿y? Nos damos cuenta que nos queda… mal. 

En cambio, ellos, los hombres, ven una prenda, entran, se la prueban, ni siquiera necesitan probador, les gusta, la pagan y chau. Y si tienen que acompañar a sus mujeres a comprar algo, terminan con cara de culo la mayoría por todo el tiempo que, supuestamente, sus mujeres tardaron… 

Cerrando un poco la idea, llevémonos toda la ropa que sea necesario al probador, estemos seguras de que vamos a llevar y cuando lo podremos usar. El gran mínimo detalle que veamos y que después decimos “no se va a notar” se puede convertir cuando estemos ya en casa en un “ni en pedo me pongo esto”, OJO, debemos ser cuidadosas, y no ir apuradas, por ende, si vamos con algún hombre lo mejor es ir a tomar algo primero, ver que el bar tenga televisión y esté puesta en un canal de deportes, y al terminar pedirle una cerveza u otra bebida que le gusta de un litro aproximadamente y decirle “voy a comprar, en un rato vuelvo” Y si dice que nos quiere acompañar le saltamos con la verdad “voy a comprar ropa, mejor quedate”.



           Nellarau.-

martes, 7 de febrero de 2012

Dias de Verano

Uno se duerme tarde, se despierta tarde, desayuna tarde, lava la ropa tarde, almuerza tarde, limpia tarde, no merienda, y se dispone a cenar alrededor del comienzo del nuevo día. 

Eso, podemos llamarlo vacaciones. Pero no cualquier tipo de vacaciones, estas, las de verano. Esas en las que el calor es agobiante e impide que realices ciertas actividades que desearías concretar, pero con las altas temperaturas en mente, lo que cualquier argentino llamaría "paja" se hace presente en cada uno de los días. 

Y no es que yo no lo haga, creo que soy el ejemplo clave a este tipo de circunstancias veraniegas. Y cuando lo años pasan y uno se hace más grande, despierta nuevas inquietudes, nuevos síntomas y nuevos... calores. 

Si, mayoría de edad presento y sin embargo yo llegue a cumplir los veinte años, pero en estos últimos tiempos he podido experimentar calores en mi cuerpo nunca antes explorados por él. Y ahí es donde aparecen en mi masa cerebral frases o palabras como la menopausia. Esas son cosas que cualquier mujer mayor de cuarenta años mas o menos debería estar pensando y no una adolescente que ni siquiera llega a su primera segunda década de vida. 

No se, no se si es la comida, el calor, o que pero esos calores que fluyen por mi cuerpo en un día de 40° de sensación térmica no es nada agradable. 

Ahora bien volvemos al tema "paja", esa paja que uno siente al escuchar cuando suena la alarma, esa paja que le da a uno,especialmente a mi, subir veinticinco escalones de escalera para llegar a una terraza bajo pleno sol de enero o febrero para colgar 6 kilos de ropa mojada. Esa paja de caminar casi quince cuadras al gimnasio y al volver sentir que se hacen el doble. Pero que lo hago por mi bien...mi cuerpo..... más bien por los setenta mangos que tuve que pagar el mes-data del gimnasio más barato de la zona-. Pero igual la "paja" se hace presente las veinticuatro horas del día, todos los días de las vacaciones. Y lo peor, es horrible acostumbrarse a eso.

 Acción, eso necesito, pero lo concretaría si el calor innecesario que nos golpea todos los días desapareciera como por arte de magia de David Copperfield, aún sabiendo que en cuestión de dos meses, DOS MESES, comenzaría el otoño, que, a decir verdad, ya cada vez las temperaturas que les corresponden a cada una de las estaciones del año se están yendo por las ramas.

Cerrando un poco la idea, los días de verano sin quehaceres son los días "pajas del año".




    Nellarau.-